MONTEVIDEO, EFE
Más de 10 artistas de todo el planeta dan su visión del enfrentamiento entre el hombre y el clima en ‘Inclemencias del tiempo’, una muestra que estos días alberga el Centro Municipal de Exposiciones de Montevideo.
Una fuerte tormenta que azota las costas de La Haya, en Holanda, la expedición del barco alemán ‘Polarstern’ a la Antártida y el sonido de un glaciar derritiéndose en algún lugar de los Alpes austríacos son algunas de las propuestas que plasman el tiempo y la “amenaza física y simbólica” que implica para el hombre.
Así lo explicó la directora artística del centro, Ana Knobel, quien apuntó que cada una de las piezas, en su mayoría grandes proyecciones de imágenes en movimiento, representan “distintas aproximaciones” a la “problemática” del clima, en visiones que van desde “la más romántica a la estrictamente documental”.
Exposiciones
La muestra, que procede de la Bienal Internacional del Fin del Mundo que tuvo lugar en Ushuaia (Argentina) en 2007, tiene como comisario general al director del Goethe-Institut de Río de Janeiro, Alfons Hug, y recala en Montevideo después de haber pasado por varios países como Ecuador y Perú, y antes de partir para Buenos Aires.
Con el tiempo, en cualquiera de sus acepciones como punto de partida, las piezas desembocan en temas como las consecuencias de una catástrofe ambiental, el cambio climático y lo fascinante de los fenómenos de la naturaleza.
Cada artista presente “entiende y expresa el tiempo” de manera distinta, aseguró Knobel, puesto que su comisario “planteó un tema y dejó la puerta abierta”.
Ejemplos
La denuncia medioambiental está presente en trabajos como ‘Calling the Glacer’ del alemán Kalle Laar, en la que un número de teléfono bajo la frase ‘Call me!’ (¡Llámame!) invita al espectador a telefonear para escuchar, al otro lado de aparato, cómo se derrite un glaciar en cuyo seno el artista colocó un micrófono.
Mucho más dramática es la imagen que propone el coreano Shin Kiwon, en cuya obra, titulada ‘Alarm Clock’, un reloj marca las horas mientras es aplastado inevitablemente por una demoledora.