
Conducir despacio no es patrimonio exclusivo de la gente mayor, los miedosos o “las abuelitas”. Conducir despacio, incluso excesivamente despacio, puede ser relajante y estimulante. El objetivo de esta “terapia” no es estorbar a los demás conductores o meterse en calles atestadas (eso ya lo hacemos todos los días). Conducir despacio puede llegar a ser un disfrute mayor que si nos lanzáramos por la carretera “a todo lo que de el coche”.
Simplemente, si tienes que hacer algún recorrido, que no sea un viaje largo, simplemente un recorrido corto de rutina, prueba a conducir más despacio de lo que habitualmente haces. Descubrirás algunas cosas que nunca habías visto después de pasar mil veces por la calle o el camino que siempre usas, sentirás que el coche también descansa y no agudizarás tus sentidos demasiado, te ayudará a descansar.
¿En qué puede ayudar todo esto? Si conducir es una de las cosas que mejor hacemos o algo que nos gusta mucho, lo disfrutaremos más si de vez en cuando lo hacemos muy relajadamente. Y mejor aún si lo haces por calles desiertas o con muy poco tráfico.
Puede que esté equivocado o que mi teoría sea muy personal, pero vale la pena probarlo.